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Revista Contexto

Notas de tapa

La selva misionera sigue siendo el principal recurso de la provincia

La selva misionera sigue siendo el principal recurso de la provincia

Tiene propiedades medicinales y alimenticias que aún no fueron descubiertas. Hay zonas que registran 150 variedades de vegetales en una sola hectárea. El potencial turístico se vale de paisajes, de la flora y la fauna.

Posadas. El recurso más valioso de Misiones es la flora. La provincia tiene cerca de treinta mil kilómetros cuadrados y cerca del 35 por ciento de su territorio está cubierto por vegetación. Hay lugares donde se registraron alrededor de 150 especies en sola una hectárea. Y ese potencial, rodeados de cientos de atractivos se conjugan para hacer de Misiones una de las zonas con mayor oferta turística.

El turismo tradicional, el alternativo, el de aventuras y el ecoturismo son los pilares de esta provincia que tiene la intención de hacer de la actividad, una industria real. Se agrega la historia del hombre, aborígenes e inmigrantes, que ofrecen su rica experiencia definida como turismo cultural.

Los típicos caminos misioneros, la sacrificada historia de su gente, los cientos de saltos y cascadas, los árboles (no en vano bautizaron los guaraníes a esta zona como e yvyrá-retá, es decir, el lugar de los árboles), las actividades rurales y hasta los mitos y leyendas de un pueblo generoso se conjugan siempre para sorprender a propios y extraños, para hacer de Misiones una provincia turística.

La base, la esencia, está en la vegetación. Hasta hace poco, Misiones era sinónimo de selva, en todo el mundo. Pero la región, sus 29.800 kilómetros cuadrados, no quedaron ajenos a la deforestación para abrir ciudades o potenciar industrias. Y así comenzó a crecer.

Deforestación

La selva paranaense, o selva misionera, cubría a principio de siglo cerca de un millón de kilómetros cuadrados. En la actualidad, sólo cerca del cinco por ciento de la extensión original permanece en pie, y la mayor parte está en Misiones: pero alcanza sólo el 35 por ciento del territorio provincial.

En esa enmarañada masa de vegetación que es la selva misionera, se distinguen seis estratos, determinados de esa manera a partir de la altura de las especies vegetales. El de los emergentes o gigantes está conformado por árboles cuyas alturas oscilan entre los 30 y 40 metros; el de los árboles grandes, que sobrepasan los 15 metros; el de los medianos, integrado por árboles jóvenes que aún están en desarrollo.

Entre los estratos de vegetación más baja figuran el arbustivo, integrado por arbustos, enredaderas y helechos arborescentes, y el estrato herbáceo, conformado por aquellos vegetales que están al ras del suelo.

La biodiversidad de Misiones es muy variada. Los elementos que integran los cientos de ecosistemas se complementan entre sí y se constituyen en el sustento de todo lo que está vivo en la tierra colorada, mamíferos, insectos, aves, reptiles y toda la vegetación. Son el sustento también del agua, que nace sana y cristalina en el medio del monte.

Preservar... la vida

Preservar el monte será preservar la vida y toda posibilidad de desarrollo de esta provincia que en sí misma representa apenas el 0,8 por ciento de la superficie total de país y está unida al resto de la Argentina sólo por el 20 por ciento de su superficie (el 80 por ciento restante son límites internacionales).

La mayoría de las propiedades que celosamente guarda la selva misionera no fueron descubiertas todavía. Se cree que es un gran reservorio para áreas de importancia tales como la salud, la alimentación y hasta la industria textil.

Mientras tanto, todo ese conjunto de paisajes, historia, flora y fauna, de biodiversidad, está a disposición de todo el planeta.

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Arandú Caraí

Porque quiere, escribe en guaraní

Ahora sabemos que cuando lo veíamos pasar, abstraído, el paraguayo Carlos Martínez Gamba iba acunando los versos en guaraní que le valieron el Premio Nacional de Literatura de su país y el merecido reconocimiento a su escritura en la lengua madre de esta tierra. El sabio señor (arandú caraí) adoptó a Puerto Rico como suya, la ciudad que le dio descendencia.

Por Kevin Morawicki

Después de recibir el Premio Nacional de Literatura en Paraguay, su país natal, el escritor Carlos Martínez Gamba continúa desarrollando su obra en Puerto Rico. Desde su oficina de la avenida San Martín, habló con Contexto sobre cómo vive después del premio, sus 30 años de permanencia en esta ciudad, el camino que recorrió para que el guaraní reciba el mismo tratamiento literario que el castellano. Acá vive el Arandu caraí (del guaraní: sabio señor), el hombre que sabe y escribe.
Carlos Martínez Gamba está considerado como el fundador de la literatura guaraní. No sólo es autor del primer libro de cuentos en guaraní sino que además es quien concibe por primera vez una publicación sistemática de textos en guaraní, una hazaña que nadie logró hasta el momento. El Congreso de la Nación de Paraguay le otorgó, en diciembre de 2003, el Premio Nacional de Literartura, galardón que por primera vez condecoró una obra en guaraní.
Su libro Crónicas rimadas de las batallas de la Guerra Grande es la narración en 16 mil versos de la guerra de la Triple Alianza. Como señaló un intelectual paraguayo, este libro está destinado a ser la Ilíada de la literatura guaraní.

-¿Cómo son las cosas ahora que es Premio Nacional de Literatura?
-En realidad bastante similares porque como vivo fuera del Paraguay, eso me tiene un poco alejado del mundillo literario del país. Sigo con el ritmo habitual, tal vez con más entusiasmo. Hay un reconocimiento hacia lo que uno hace y es importante, sobre todo pera emprender otros trabajos o ir trabajando en los actuales, de tal manera que no haya mayores inconvenientes en el momento de publicarlos.

-El premio, ¿abrió algunas puertas?
-No sé todavía. Ahora estoy haciendo un vocabulario castellano-mbya. Y bueno, yo no lo podré hacer sin una ayuda económica. Hay en el mundo organizaciones que se dedican a la preservación de idiomas en América Latina. Yo quisiera ver una de esas organizaciones, aunque todavía no empecé porque no tengo manera de tomar contacto con esa gente. Quisiera ver si el premio me ayuda como carta de presentación. Además tengo escrito dos libros sobre oratura mbya-guaraní y quiero hacer ese trabajo si es que están dispuestos a subvencionarme.

-¿Qué lo llevó a escribir sólo en Guaraní?
-Y... seguramente en el exilio sale la determinación de escribir en guaraní, como una forma de estar permanente con las cosas de la tierra natal. No podía regresar pero ésa era una forma de hacerlo. El idioma guaraní es un idioma que siempre les gustó a los intelectuales, pero no escribían en guaraní, se daba esa contradicción. Hablaban el idioma pero al momento de escribir el gran problema que se planteaban era cómo llevar esa versatilidad del idioma guaraní y sus giros al castellano, que era el gran mérito de Roa Bastos. Además, tiempo después surge el pensamiento y la clarificación de preguntarme: ¿Por qué no? ¿Por qué no la literatura en guaraní? Así fue.

-¿Cómo surje la idea de contar la guerra en versos?
-Ya en una etapa más madura me pregunto por qué no tenemos una epopeya escrita en guaraní, si el tema de esa guerra tan famosa estaba ahí a la vista. Y entonces empiezo a escribir, batalla tras batalla, sin orden preciso. Inclusive esto no nace con la idea de escribirlas sistemáticamente, sino que yo simplemente tomé una batalla muy famosa y comencé a narrarla en versos. Después, al tiempo, seguí con otros, así a lo largo de doce años y de 16 mil versos. Había tiempo en que no escribía nada y tiempos en los que escribía cinco o seis combates. Pero no hubo una planificación sistemática.

-¿Cómo fue el trabajo de investigación sobre la guerra?
-La guerra como tema siempre me interesó. Porque mi papá tenía libros con datos de la guerra contra la Triple Alianza, pero por supuesto que para escribir tuve volver a leerlos, sacar datos de distintos autores, inclusive de historiadores argentinos y brasileros. De ahí pude reconstruir no sólo las peleas sino los entretelones: los uniformes, los aliados que tocaban paso doble, los jinetes correntinos que se vestían de rojo...

-Más que nunca, en el caso de la épica (de la poesía que refiere a sucesos histórico) se produce un cruce fundamental entre literatura y realidad. ¿Cómo es este proceso de hacer que la literatura en guaraní cuente hechos históricos?
-Sobre la guerra del 70 se escribió mucho, hay mucho material, al menos desde la histografía. Aparcieron algunas novelas, más o menos malas. Muy pocas buenas. Todo ese material histórico sirve para la crónica rimada, dentro del cual el poeta, con mayor o menor éxito, trata de introducir la poesía, trata de forjar las imágenes, que por lo demás hay mucha tradición en occidente de batallas y de epopeyas, empezando por los griegos antiguos.

-Y en este proceso, ¿fue necesario hacer muchos experimentos linguísticos con el guaraní para poder contar todo lo que sucedía en la guerra?
-Sí, se hizo, pero en menor escala. Poco. Algunas palabras en castellano que ya están incorporadas en el guaraní por lo tanto ya se considera como parte del idioma. Por ejemplo: Fusil siempre se dijo fusil en el Paraguay. Pero a veces en mi poema, por rima o por métrica, se inventa una palabra. En este caso, se pone una palabra en guaraní que todo el mundo sabe que significa un arma de hombro, o sea el fusil, y nadie encuentra extrañeza y se entiende sin problema. Otra situación es recuperar viejas palabras muy lindas que cayeron en desuso..., por ejemplo hay una palabra que es “morombí”, que era como se designaba al soldado extenuado y muerto de hambre que quedaba abandonado al borde del camino. Y que inclusive figura como nombre de localidades actuales, y por ahí ya nadie sabía qué quería decir. Y así varias cuestiones que tienen que ver con las características del guaraní.

-¿Mejorará la posibilidad de traducciones a partir del premio?
-Sí. No he recibido propuestas pero es probable que surjan. Este premio salió con recomendación de que se traduzca al castellano. Pero hasta ahora que yo sepa nadie se abocó a esto. Algunos editores están interesados en sacar ediciones bilingues, por ejemplo tomar cada combate y hacer un librito de cada uno con dibujos y hacer preguntas al final para los estudiantes. Esto se prodía hacer si yo estuviese allá. Pero por ahora sólo aparezco de vez en cuando.

-¿Tiene en capilla alguna publicación?
-Sí, sí. Tengo tres o cuatro libros para publicar, narrativa, poesía y traducción. Tengo una traducción de “Aladino y la lámpara maravillosa”. Están a la espera y considero que son buenos libros, lo que pasa es que no quisiera largar los libros sólo por el diez por ciento de ganancia. Me gustaría poder ganar más. Ese libro de la guerra tuvo en realidad dos premios: un premio del FONDEC quien puso la plata para imprimir: de mil ejemplares ellos se quedaron con 250 y yo con el resto, a diferencia de otros casos, que me dan 150 números de mil, y en realidad los editores hacen una tirada mayor que la acordada. Y esto es algo que no se les puede controlar. Es una explotación miserable.

Puerto Rico, cuna de la literatura guaraní

-¿Por qué vivir en Puerto Rico cuando se está tan vinculado a la cultura de otro país?
-En el fondo es una decisión mía. Uno dice siempre que no puede regresar porque los hijos y el trabajo están acá. En el Paraguay me preguntan: “¿Porqué no vienes?” Y tienen razón ellos, yo debería estar allá. La decisión final es que me hallo más acá, seguramente. Además no quiero cargar más con el esfuerzo de hacer una casa. Aquí estoy bien, esta ciudad es linda. Por otra parte, la soledad o la lejanía ya no existen, uno toma un teléfono y listo, por lo menos para el contacto con las personas. El contacto legítimo con el pueblo... bueno, eso es otras cosa, es algo que uno averigua con los que vienen de allá.

-Algunos opinan que Puerto Rico no trata bien a los que no son nativos: ¿cómo fue en su caso, que es paraguayo, a pesar de que hace más de 30 años que vive en esta ciudad?
-Siempre se me trató bien. Yo no siento las formas del racismo.

-¿Siempre fue así o esto es consecuencia de su prestigio como escritor?
-Tiene que ver con mi prestigio como escritor. En general, si uno es pobre puede que no le vaya bien, tenga la decendencia que tenga. Tal vez yo obtenga un buen trato porque ocupo una posición. No sé qué pasaría si yo no hubiera tenido estudio ni pretigio ni nada. Hay discriminación entre los argentinos ¿cómo no se va a discriminar a los brasileros y paraguayos?.

-¿Cómo ve la movida cultural en Puerto Rico?
-Comparado con otras localidades de Misiones y de Paraguay, es muy interesante. Lo importante es que existe una movida cultural. En Paraguay, en los pueblos, no existen movidas así. Y en muchas ciudades de Misiones tampoco. Acá siempre hay una exposición, la presentación de algún libro, está la Revista Cocú. Hay festivales de rock, aunque bueno, a mí el rock no me interesa para nada.

Temática "generalizada"

-¿Cuáles son las temáticas que abordan sus libros?
-En poesía, yo siempre tomé personajes o temas vinculados con el inconsciente colectivo. Como es el caso del infeliz que siempre le puede a los otros y termina casándose con la hija del rey. O el tema del tesoro escondido que es otros gran sueño del hombre. Cuando llegaba el ejército invasor de la Triple Alianza, la gente ocultaba sus libras y gananacias bajo la tierra. Estos hombres morían en la guerra y sus almas volvían al lugar en donde habían escondido sus tesoros, y se esforzaban para que alguien los desenterrara y mandara a hacer misas por el descanso de sus almas. Y la gente siempre quizo encontrar esos tesoros porque ahí estaba la ganancia de mucho tiempo de trabajo. Otro tema del exilio: en un trabajo que se llama “José Dolores Martínez” el tema aparece a partir de la imagen de una especie de ser errante que anda por ahí. Tengo otros libros donde aparece siempre la evocación de la patria chica. En otro libro se cultuva la temática del amor, una temática en la que escribí muy poco. Lo hice contanto amores desgraciados y cosas así, como si se tratara de una sola dama esquiva. Después tengo un libro sobre los pájarados llamado “El país de los pájaros”. En este caso son versos sobre las distintas aves del Paraguay, del mismo modo como lo hicieron Pablo Neruda o Leopoldo Lugones. También he escrito cantos de cuna. Es decir que bastante generalizado.

Al final, chorizo…

Yo, El Pombero

Y bueno, nada. Yo estaba esperando un poco las novedades de esta semana como para comenzar nuevamente con mi acostumbrada columna, porque masiado mal mismo me quedé después que el Papa se murió y los amigos de él (guaú), lo guardaron un día más para hacer crecer la expectativa y juntar más gente todavía, con la esperanza de mostrar que la iglesia aún convoca.
Todo mal, porque el que masiado convoca es el Papa, pero el otro, el Juan Pablo II, no el cosito este que contento si que él se puso a saludar como que si ya no se sabía que estaba arreglado que lo elijan.
Pero algo hay que decir, la miércoles que no debe ser nada fácil ser para después de Juan Pablo II, porque mirá que el viejo juntó a todos y a ese si que lo querían…
Este de ahora no me gusta, para nada. Masiado conservador es. Imaginate que con esto, la iglesia retrocede como 400 años y chaque que si te descuidá, vuelven las misas en latín, de espalda a la gilada y hasta capaz que las mujeres tengan que entra con velos de nuevo a la iglesia.
Yo no se qué festejaba el mujererío del mundo: este no las quiere y si había alguna posibilidad de acercarlas a la iglesia, mmmm, me parece que van a tener que juntar sus ganas y marchar a seguir de segundonas, aunque en la parte real, sean las que mantienen vigente a la iglesia.
Qué loco todo, encima el que te dije parece que tiene parientes en Misiones y en Mendoza, y ahí andan todos los periodistas como locos tratando de hacerles hablar sobre un tipo al que nunca vieron en su vida y encima, seguro que si estos se le acercan, ni bola les va a dar porque la verdad que aquel no tiene mucha facha de simpático y mucho menos de carismático, pero bueno, cosas del club de fe que ellos mismos sabrán manejar, aunque se metan en la vida de los demás, y como dueños de la verdad quieran venir a decirnos qué está bien y qué está mal, como siempre acostumbraron.
Vo ya me conocé: sabés que yo digo mismo lo que pienso y ni miedo le tengo a todos esos cabezones, sean de allá o de acá, o de dónde quieran, así que también sabés que yo no hago propaganda a nadie pero te viá decí que es como necesario que abras un poco los ojos y si podés, leete un poco El Código Da Vinci, un librazo de aquellos que mamita querida, te deja todo flojito cuando te metés en la historia, aunque a muchos no les guste y aconsejan no leerlo.
Ahora hay que ver que hace el gobernador Reviro con este Papa, si va a ir a visitarlo o no: yo haría apuestas porque estoy seguro que va a querer ir y tener la foto, porque él si que le guuuuuuuuuuuuusta figurar y no le va a importar mucho con quien se saca fotos, sino fijate las de la inauguración de la Municipalidad de Posadas, o en la Costanera, cuando era intendente.
Y hablando del quetejedi, vo podés creer que aprovechó que el Papa Juan Pablo se murió para anunciar que la Ruta Costera 2, esa que tiene nombre en inglés, también se va a llamar Papa Juan Pablo II. Está todo bien, pero a mi ese nombre no me gusta, y eso que yo era fanático del viejo, pero me parece que ya es demasiado curerío para tan poca fe, je je je.
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Desnutridos rurales

Desnutridos rurales Más del 50 por ciento de los niños aborígenes de Ruiz de Montoya tienen problemas alimenticios

Existe un problema que no encuentran solución: la desnutrición de los aborígenes aumenta en cantidad. Se estima que la tasa de mortalidad es del quince por ciento, una exageración al contrastarla con la media nacional, que es del quince por mil.

“Y el problema nuestro es la falta de tierras. Ese es nuestro problema. Con la leche fortificada pudimos mejorar un poco pero ahora ya no hay más”, cuenta Hilario Acosta, cacique y agente sanitario de la aldea Tacuapí, en Ruiz de Montoya, al definir primero la causa y después el problema que los afecta.
El cuadro de desnutrición que padecen los aborígenes, y sobre todo los niños, es grave, señalan los profesionales de una zona donde viven unos 480 aborígenes, de los cuales, cerca del 30 por ciento (unos 130) son niños.
Hilario, joven cacique que se ocupa de la salud de su gente, aseguró a Contexto que el problema es estructural, y que tiene relación directa con la propiedad de la tierra y las extensiones: “en mi comunidad hay un problema con las tierras y sabemos que tenemos que recuperarlas, porque falta lugar para tener las plantaciones. Pasa que tenemos que tener algún espacio propio para ir generando alimentos. Por eso no tenemos plantaciones”, indicó.
Hilario sabe, y lo admite, que con leche fortificada, que logran con una mezcla con aceite, “los chicos se desarrollan mejor. Pero cuando termina eso, que dura unos meses, empiezan a bajar de nuevo de peso. En una oportunidad no recibimos leche por tres meses y ahí volvió la desnutrición. Nosotros plantamos todo lo que comemos, pero poquito, por que no es para todos; cada casa tiene su huerta. Cada uno planta lo suyo pero no tenemos espacio para plantar: las tierras que ocupamos apenas nos permite tener 20 casas para 148 personas”, ubicadas en un total de 17 hectáreas, que pueden utilizar pero que tampoco les pertenece.

Situación crítica
Más de la mitad de los niños aborígenes de la zona de Ruiz de Montoya está desnutrida, según datos de un relevamiento que estuvo a cargo de profesionales y que se realizó entre este y el año pasado.
La gran causa de esa desnutrición, coinciden los especialistas, es la falta de tierra y los recursos para alimentarse que los adultos ya no logran conseguir, como la caza o la pesca, y se limitan a los que pueden recoger en las chacras vecinas o trabajar en las tarefas de la zona, en actividades que no les son propias.
En la actualidad, por distintas razones, los aborígenes de la zona deben buscar recursos para sobrevivir, desprotegidos, en lugar de poder preservar su cultura y que ahora también se ven afectado por lo que la doctora Mariana Mampaey, la especialista que trabaja para recuperarlos de la desnutrición desde hace más de diez años, llama “la última causa de una larga cadena de males que viene sufriendo esta cultura guaraní. Hace diez años estoy trabajando acá en Ruiz de Montoya, como médica de la provincia y asistimos en forma periódica a las comunidades.

-¿Cuál es el cuadro de situación?
-La gran desnutrición de los niños y lo que traen aparejado después: una falta de desarrollo del cerebro, es decir, que no pueden desarrollar el potencial genético con el que nacieron, porque hasta la terminación del embarazo, mas o menos, los chicos adentro de las panzas, en la gestación, toman lo que necesitan, pero después si la madre está desnutrida y no tiene leche suficiente, se empiezan a desnutrir y el cerebro no se puede formar bien, decae la capacidad intelectual y trae aparejado después, una falta de poder capacitarse, de poder formar su opinión, lo que deriva en la muerte de la cultura y no sólo en la de la persona.

-¿Esta situación se puede revertir?
-Es muy difícil, quizás la única forma sea la entrega de tierras suficientes y buenas para que puedan sobrevivir dignamente ya que no pueden volver a lo que eran antes.

-¿Qué pueden hacer ustedes como médicos, más allá del seguimiento?
-Yo lo que hago acá es lo que me manda Salud Pública, que es pesar los niños, cuidar que estén vacunados, aunque la vacunación no sirve de mucho porque hay muchos chicos desnutridos que aunque se los vacune, no logran anticuerpos. Controlamos la desnutrición y las enfermedades, que son las consecuencias de la desnutrición. La mayoría de los chicos aborígenes que se nos mueren acá son por problemas respiratorios o por problemas intestinales. En un tiempo, que fue hace dos años, tuvimos una subvención para comprar alimentos y hacer un plan de recuperación de desnutrición ambulatoria, en las que se les daba cuatro kilos de leche, un litro de aceite, un kilo de azúcar y con eso se preparaba una leche más espesa y daba mas calorías a la leche, que realmente lograba recuperarlos, pero no contamos más con esos recursos. Ahora recibimos leche del Gobierno: dos kilos por chico hasta los 6 años, pero necesitas cuatro kilos por mes por cada chico; tampoco alcanza para hacer esta leche hipercalórica que se realizó en Salta en el Centro Nacional de investigaciones Nutricionales y funcionó muy bien y que es barata: una de las formas más económicas de recuperar desnutridos.

A la buena de Tupá…

Es una paradoja pero es real. Los niños aborígenes, asentados en zonas rurales donde la producción de la tierra es la base de la economía, están desnutridos. Y esa desnutrición no está comenzando sino que se detectó hace al menos diez años.
Algunas de las comunidades del municipio están a cinco kilómetros del poblado y otras, ubicadas hasta a unos 25 kilómetros. Algunos aborígenes ocupan chacras que pertenecen a los colonos y que les permite quedarse en el lugar, utilizar las tierras.
Pero existen casos contrarios, como el de diciembre, cuando un grupo de aborígenes debió abandonar las tierras que ocupaban desde hace tiempo y salir a un predio donde no tenían nada plantado, ni nada para comer.
Tanto los aborígenes como los especialistas que trabajan en forma directa con esta problemática entienden que el problema parte de la falta de tierras, para repercutir después en distintas problemáticas: sin terrenos donde desarrollarse, con arroyos y cursos de agua contaminados, sin animales para cazar, la situación se torna conflictiva.
Según un estudio que tomó estado público esta semana, en la zona existen más del 55 por ciento de los niños aborígenes con un grado importante de desnutrición, sin tener en cuenta a los adultos que también están desnutridos, con embarazadas de bajo peso para la edad de gestación que presentan.
El problema es tan grave que ni siquiera se pude confeccionar la tasa de mortandad (porcentaje que surge del contraste entre las actas de nacimiento y de mortandad) porque la gran mayoría de estos niños nacen y mueren sin registros. O sobreviven sin documentos de identidad.
De todas maneras, un estudio aproximado indica que la tasa de mortandad de los niños aborígenes es del quince por ciento, una exageración al compararla con la tasa de mortandad nacional, que es del quince por mil.

(Foto temática: gentileza de Claudio Mamin).

Bodas de Oro de la Subprefectura local

Bodas de Oro de la Subprefectura local Pasaron cincuenta años: dicen que el monstruo Paranaíto no existió sino que eran lobitos de río. Y que en 1996 los productores de mandioca descubrieron que la marihuana era más rentable. Aseguran que los traficantes tienen la misma tecnología que las fuerzas de seguridad. Y en los festejos, comieron. Vaya que comieron.

Desde las 11 de la mañana del lunes, los personajes más representativos de Puerto Rico se reunieron cerca de la costanera para vivir una verdadera ceremonia. Los ciento cuatro prefecturianos que conforman el cuerpo de la Subprefectura Libertador General San Martín realizaban desde temprano múltiples tareas: unos desfilaban, otros ajustaban la decoración de la carpa donde se realizó un “lunch”, otros cocinaban: en fin, todos trabajaban para una buena fiesta.
Luego del acto, mientras los medios atacaban a la visita de honor, el prefecto nacional naval –máxima autoridad de la fuerza en Argentina-, prefecto general Carlos Edgardo Fernández llegado de Buenos Aires, los invitados embestían las mesas repletas de comidas: lengua a la vinagreta, aceitunas, matahambre arrollado, pizcitas...
Todos estaban vestidos de gala, y cuando se encontraban con algún conocido, primero se observaban mutuamente las manos antes de saludar, con temor a ensuciarse con comida. Entre los comensales no había mucho respeto, el que llegaba a acercarse a una de las mesas no se movía muy fácilmente, y el objetivo era permanecer cerca de los manjares. Los prefecturianos se acercaban con las picadas y los invitados los interrumpían a mitad de camino para recibir la mejor parte. Ni hablar de cuando llegó la pata flameada, la cola era muy larga y nadie, ni las mujeres simulaban un “ya estoy satisfecho”.
El ataque a las picadas disminuyó cuando se podían contar varias botellas de vino que obligó a los mariachis a comenzar su espectáculo al mediodía, pero a las 18, en el atardecer de un día agitado, ¡seguían tocando!
¿A qué se debió tanto festejo? A las Bodas de Oro que cumplía la Subprefectura Libertador General San Martín de Puerto Rico. Y claro, son cincuenta años de puras vivencias, experiencias, recuerdos, que son dignos de festejar, a como de lugar.

De lobos y drogas
Desde que se habilitó el destacamento en 1957, los prefecturianos sufrieron varios embates: el incendio total del edificio en 1971, cuando aún era de madera; luego dos inundaciones totales, una en 1983 y otra en 1992, en el que tuvieron que desalojar el edificio por completo. Vivieron también el tráfico de cigarrillos, de drogas y hasta, incluso, lidiaron con paseros que aseguraron ver a un monstruo al cual bautizaron “Paranaíto”.
En la actualidad, los prefecturianos saben que deben someterse al trabajo duro de cada día, donde pueden permanecer tres meses en algún destacamento sin visitar a su familia, realizando trabajos de inteligencia, para combatir al narcotráfico que tanto opera en esta zona.
Al menos así nos cuenta el ayudante de primera Alberto Rodríguez, acompañado del oficial principal Gustavo Daniel Iglesias, mientras acceden a una breve charla con Contexto.

-¿Qué fue eso del Paranaíto?
-En realidad fueron lobos de río que anduvieron por la zona. Tienen la particularidad de nadar en grupo y acompañar a las embarcaciones. Realizan un efecto llamativo cuando sacan sus cabezas a la superficie y luego se zambullen. Desde el lanchón, las paseras pensaron que fue un monstruo de siete cabezas. La prensa también se interesó en ese fenómeno, pero en realidad fueron lobitos de río. En La Plata abundan, es la primera vez que suben por el Paraná. Son como las focas pero con pelos.
El lobo de río es una especie en extinción. Y si bien había mucho para hablar, la charla giró hacia un punto más caliente: en febrero de este año secuestraron más de cuatro toneladas de marihuana, entre tantas otras incautaciones que se realizan en la zona.
Explicaron, entonces, que estudios recientes indican que en Paraguay hay cinco mil hectáreas de plantación de marihuana y que la mayor zona de elaboración está cerca de Puerto Rico. Es muy tentativo para los traficantes pasarla cerca de este lugar para acercarla a los centros de distribución: Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
El prefecto indicó que del vecino país vienen paseros en lanchas a remo: “no más de cinco minutos necesitan para remar a suelo argentino y depositan la droga en medio de la selva. Preferentemente se mueven de noche y cuentan con personal de inteligencia bien entrenado: “se manejan con lo que en nuestra jerga se llama mulas, paseros, bolseros y campanas; cuentan con celulares, radios, visores nocturnos, larga vistas de largo alcance. Tienen, en definitiva, la misma tecnología que nosotros”.

Cultivos populares
El análisis es sencillo y simple. El fenómeno del tráfico de drogas comenzó en 1996, cuando varios productores que se dedicaban a la plantación de mandioca descubrieron que la marihuana era más rentable.
“Tiene que ver con la cultura del pueblo: la zona de Puerto Triunfo es muy pobre, y sus habitantes no tienen idea de los daños socioeconómicos que producen las drogas; además ellos ganan muy poco dinero para contrarrestar con el riesgo que corren, los que realmente ganan son las cabezas, que son difíciles de atrapar, porque con todo el equipo armado con el que cuentan, al ver que se les pone difícil suspenden el operativo y se escapan, y los que pagan son los paseros”, dijeron.
En noviembre de 2002, el suboficial César Luft recibió un balazo, mientras realizaba un operativo en la zona del paraje San Gotardo: aún no se sabe si los narcotraficante realmente quisieron herir al suboficial, o “bajar” al pasero para que no hable, estimaron.
Pero el trabajo de un prefecturiano no sólo consiste en controlar el narcotráfico sino que realizan también una serie de trabajos, como el de prevenir a los bañeros acerca del peligro del río.

“Prohibido bañarse”
“En el Paraná está prohibido bañarse: son aguas muy peligrosas y la gente no toma conciencia, se burlan de nosotros; nos acercamos para indicarles que salgan del agua y cuando continuamos el recorrido, vuelven a entrar. Una tarde repetidamente la patrulla ordenaba que se alejen de las aguas pero para los bañistas era como un juego, hasta que una adolescente se ahogó y el padre de la joven lo primero que dijo fue: “dónde está la Prefectura”.
En este departamento la comunidad está muy conforme con la subprefectura, porque cada vez que se puede el personal destina parte de sus aportes a colaborar con el pueblo. La subprefectura ayudó en la construcción de una capilla en la localidad de 3 de Mayo. Tienen apadrinada una escuela en Mbopicuá, donde el personal realizó trabajos de albañilería, donaron pinturas y entregaron zapatos y medias a los alumnos. Ahora se comprometieron con la compra de una computadora.
La subprefectura Libertador General San Martín cumplió 50 años de trabajar para la comunidad de Puerto Rico. Festejó sus Bodas de Oro con un banquete al que los invitados hicieron honor.
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